Un misterio en la ventana
Monia y Poni vivían en una habitación de niños, en un rincón cálido de la estantería, entre libros gordos y juguetes dormidos.< /p>
Cada mañana salían al "jardín" —el piso de la habitación— a buscar semillas y a chasquear las orejas al sol que entraba por la ventana.
Pero un día, Monia notó algo extraño creciendo afuera: una planta enorme, más alta que cu alquier cosa que hubieran visto. Nadie en la casa sabía explicarlo. Ella lo llamó, sin dudar, el Gran Sunfloro.
El desierto de la alfombra
Poni se rascó una oreja y dijo que era "solo una pl anta grande". Monia negó con la cabeza: para ella era un misterio, y los misterios se investigan.
Así que partieron. Cruzaron el desierto de la alfombra, bordearon el río —una manguera de jardín enroscada como una serpiente dormida— y lle garon, por fin, al pie del Sunfloro.
Ahí descubrieron su secreto: era una semilla que había crecido sola, sin que nadie la plant ara. Monia lo entendió con la cabeza; Poni, con el corazón. Juntos notaron que la s emilla necesitaba agua para seguir creciendo y darles sombra.
Agua para el Sunfloro
El agua est aba lejos, en un lago brillante —un vaso medio lleno olvidado sobre la mesa. Poni, torpe pero decidido, cargó un pequeño pote de cristal para transportarla. Monia guiaba el camino, atenta a cada paso.
Entre los dos regaron la tierra alrededor de la semilla. El Gran Sunfloro creció un poquito más, abriendo su sombra como un techo nuevo.
< span class="monia">Monia y Poni se sentaron bajo esa sombra fresca, cansados y felices, sabiendo que lo pequeño —cuando se atreve a investigar— puede descubrir cosas grandes.